Por qué el Panda es el verdadero héroe español del Mundial

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Un minuto de juego, todo un país como hinchada: por qué Borja Iglesias es el verdadero héroe del Mundial de España.

El autobús avanza a paso lento por Madrid, entre cerca de dos millones de personas, y ahí arriba, entre los campeones del mundo, hay un hombre a los mandos de una mesa de mezclas, con la Copa del Mundo colgada sobre el hombro. Borja Iglesias está pinchando música. En este torneo jugó, oficialmente, un minuto. Este lunes de julio, la ciudad es suya.

Por la noche, sobre el escenario de la Plaza de Cibeles, coge el micrófono. Cada jugador pudo elegir una canción para su entrada, Iglesias escogió „Cantando“ de Violadores del Verso y la rapeó él mismo, verso a verso, ante la multitud enfervorecida.

Después volvió a la mesa de mezclas y puso a bailar a sus compañeros. Por la noche, cuando los actos oficiales ya habían terminado, seguía en el mismo sitio en el que todos lo vieron ese fin de semana: a los mandos, jaleado por sus propios compañeros. Su club, el Celta de Vigo, comentó con ironía que este Panda sabía bastante de música.

Kase.O, rapero de Violadores del Verso y autor de la canción, se pronunció públicamente un día después: Iglesias le había contado alguna vez que su música le dio el valor para plantar cara a la intolerancia y la desigualdad. Hoy, escribió el rapero, es al revés, hoy es el futbolista quien le inspira a él.

Para entender por qué un delantero con un minuto de juego puede protagonizar la fiesta del título de un campeón del mundo, hay que contar la historia de este jugador desde el principio.

Borja Iglesias en el Mundial 2026: Por qué se celebra tanto al astro español

Borja Iglesias Quintas, de 33 años, nacido en Santiago de Compostela, juega de delantero en el Celta de Vigo. En el Mundial 2026 vistió el dorsal 26, entró como suplente una sola vez, en los octavos de final ante Portugal. En la final vio el gol de la victoria de Ferran Torres desde el banquillo, calentando, pero sin llegar a jugar. Aun así, cuando sonó el pitido final, se convirtió en el primer gallego en proclamarse campeón del mundo con España.

Su apodo, El Panda, viene de 2016, del filial del Celta, un equipo que adoraba tanto la canción „Panda“ de Desiigner que empezó a llamarse a sí mismo Panda Team, algunos jugadores llegaron incluso a tatuarse al animal. Lo en serio que se toma Iglesias su apodo lo demuestra su coche: en un desayuno con sus entonces compañeros del Betis, Isco, Héctor Bellerín y Aitor Ruibal, surgió la idea, Isco propuso que un Panda debía, lógicamente, tener un SEAT Panda. Iglesias buscó en un portal de anuncios y encontró un ejemplar celeste, apenas unos miles de euros, sin aire acondicionado.

Lo sigue conduciendo hoy en día, y hasta entró con él al césped el día de su presentación con el Celta. La música, por su parte, nunca fue de fondo para él, tomó clases de DJ y llevaba tiempo pinchando en las celebraciones del Celta antes de que toda España lo viera.

La música es solo una de sus formas de expresión. Desde hace años, Iglesias hace fotografía, a menudo a sus propios compañeros, para sus tomas analógicas utiliza, entre otras, una Leica M6 y una Contax T2. Durante el Mundial grabó además material con cámara y móvil del que debería salir un documental sobre el torneo. La revista deportiva Sportlife lo comparó con los polímatas del Renacimiento.

La renuncia de Borja Iglesias: El momento que lo cambió todo

El cariño que le mostró España durante este Mundial tiene, sin embargo, un origen mucho más serio. La escena decisiva se remonta tres años atrás. En agosto de 2023, poco después de que la selección femenina ganara su primer título mundial, el entonces presidente de la federación, Luis Rubiales, besó a la jugadora Jenni Hermoso en la boca sin su consentimiento. Rubiales se aferró al cargo, su desafiante „no voy a dimitir“ dio la vuelta al mundo. Cuando quedó claro que no iba a dimitir, Borja Iglesias anunció su renuncia a la selección. „Como futbolista y como persona no me siento representado por lo que ha pasado“, escribió en X. No volvería hasta que ese tipo de actos tuviera consecuencias.

Ningún otro jugador llegó tan lejos. A su lado, públicamente, se colocaron muy pocos, entre ellos sus compañeros del Betis Isco, Héctor Bellerín y Aitor Ruibal, que se solidarizaron con Hermoso. Iglesias recibió por ello una oleada de burlas, comentarios que se mofaban de su promedio goleador, de sus uñas pintadas, de su persona, con un mensaje de fondo: quién te has creído que eres, si a ti no te iban a convocar de todos modos.

Iglesias mantuvo su decisión. Rubiales perdió el cargo y más tarde fue condenado por agresión sexual. Solo en octubre de 2025, más de dos años después de la renuncia, el seleccionador Luis de la Fuente volvió a llamar al delantero, tras una gran temporada con el Celta, Iglesias se había ganado el regreso sobre el terreno de juego.

En el Mundial se cerró el círculo. Jenni Hermoso siguió el torneo como analista para la cadena mexicana TUDN, y tras la semifinal ante Francia en Dallas, ambos se encontraron cara a cara, el hombre que había renunciado a la selección por ella, y la mujer por la que todo aquello había ocurrido. Se fundieron en un abrazo, Iglesias contó después que lloró bastante tras aquello.

En la final, ambos se sentaron juntos ante las cámaras de TUDN, con lágrimas en los ojos. Dijo estar muy feliz de conocer a Jenni, que la admiraba muchísimo. Y luego: „Campeones del mundo los dos.“ Bajo su antiguo hilo de renuncia de 2023, colgó tras la final fotos con la copa y una sola palabra: „Guau.“

La postura de Borja Iglesias: Una constante fuera del campo

El episodio de Rubiales es la máxima expresión de una actitud que atraviesa toda su carrera. Poco antes de la final del Mundial, compartió una captura con los precios desorbitados de las entradas en plataformas de reventa y lo acompañó de un escueto „Una vergüenza“. Cuando el expresidente Mariano Rajoy puso en duda a la selección francesa por el origen familiar de muchos de sus jugadores, Iglesias le respondió públicamente: quien nace en Francia o tiene el pasaporte francés es francés, y representa a su país como cualquier otro.

La lucha contra la discriminación es la que más tiempo lleva acompañándolo. Desde 2020, Iglesias lleva con regularidad las uñas pintadas, un gesto que empezó durante las protestas del Black Lives Matter como señal contra el racismo y que, desde entonces, representa para él también la lucha contra la homofobia. Por ello lleva años recibiendo odio. A principios de este año, tras una victoria a domicilio del Celta en Sevilla, unos aficionados lo insultaron con comentarios homófobos a las puertas del estadio mientras regalaba una camiseta a uno de ellos. Iglesias respondió solo con sarcasmo, diciendo que eso nunca pasa en el fútbol. En el siguiente partido en casa, aficionados y compañeros hicieron un gesto con las uñas pintadas. El Celta respaldó la acción. En una entrevista con L'Équipe, Iglesias dijo después que los insultos ya no le afectaban, que prefería ser todo lo que le llamaban antes que una persona llena de odio. Lo que de verdad le molesta, dijo, es otra cosa: que haya personas gais que, por miedo a este tipo de reacciones, renuncien a su amor por el fútbol.

Borja Iglesias y el sueño de ser campeón del mundo con España

Cuánto significó para él este verano, lo dejó por escrito el propio Iglesias. Cuando en mayo apareció su nombre en la lista del Mundial, publicó un largo texto sobre el niño que fue. Sobre los días calurosos de junio en el aula, sobre los cromos y las camisetas, sobre los delanteros a los que admiraba, Raúl, Fernando Torres, David Villa. Sobre un niño que celebraba sus goles ante una grada imaginaria y escuchaba abucheos rivales que no existían. Durante años, escribió, había mantenido sus sueños a raya para protegerse de la decepción. Aquel día ya no: „Hoy cumplo un sueño que ni siquiera me permitía tener durante muchos años.“

Dos meses después, aquel niño de Santiago de Compostela pisaba el césped del MetLife Stadium, campeón del mundo con, oficialmente, un minuto de juego. Y un día más tarde, sobre un autobús por las calles de Madrid, la copa sobre el hombro, las manos en la mesa de mezclas, mientras bajo él una ciudad entera bailaba.

Über den Autor
Adrian Kühnel
Fundador y editor
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