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El fútbol necesita personajes como Lennart Karl que no dejan indiferente

IMAGO / Pressinphoto

Un look rosa, una celebración provocadora y un debate sobre la humildad: Lennart Karl da que hablar en el Bayern también fuera del campo. Uli Hoeneß lo compara con Michael Olise y Bastian Schweinsteiger. Un alegato a favor de los futbolistas con derecho a incomodar.

Lennart Karl le roba el balón a Robin Le Normand y supera con una vaselina a Jan Oblak, portero del Atlético. El joven de 18 años adelanta al Bayern y, tras celebrarlo con sus compañeros, se lleva las manos junto a las orejas.

Lennart Karl se lleva las manos a la cabeza tras marcar ante el Atlético de Madrid.
[desktop-motion:50% 0% 1 > 50% 0% 1][tablet-motion:50% 0% 1 > 50% 0% 1][mobile-focus:49% 40%] Lennart Karl tras su gol ante el Atlético de Madrid, noviembre de 2026. © IMAGO / Ball Raw Images

Mueve los dedos como si fueran bocas que no paran de hablar. Muchos lo interpretan como un mensaje: seguid hablando.

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Karl no ha aclarado si quería responder así a sus críticos. Su celebración da que hablar de todos modos, y eso no tiene nada de malo. El fútbol vive de goles, títulos y grandes noches, pero también de personalidades que llaman la atención, abren debates y aportan al juego algo más que su rendimiento. A nadie se le exige que le guste una celebración provocadora. Pero un fútbol en el que nadie se saliera del guion sería bastante más aburrido.

Lennart Karl, Michael Olise y la cuestión de la humildad

En los últimos meses, Karl ha comprobado con qué atención se observa su imagen pública. En enero habló de su sueño de jugar algún día en el Real Madrid y después pidió disculpas. En abril, lesionado, siguió desde la grada los cuartos de final de la Champions contra el conjunto blanco.

Lennart Karl camina por el césped del Allianz Arena vestido de rosa de pies a cabeza.
[mobile-focus:43% 50%] Lennart Karl en los cuartos de final de la Champions contra el Real Madrid, abril de 2026. © IMAGO / Eibner

Tras el 4-3, lo celebró con sus compañeros vestido de rosa de pies a cabeza.

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A Uli Hoeneß no le gustó. En mayo, el presidente de honor criticó en DAZN la imagen que proyecta Karl y le pidió que se ganara a la gente, sobre todo, en el campo. Cuando le recordaron que Michael Olise también es conocido por su ropa llamativa, respondió: «Sí, pero él ya es una estrella mundial, a él se le permite».

Un criterio revelador. Olise está consolidado en el Bayern; Karl apenas empieza su carrera. Que deportivamente estén en momentos distintos está fuera de duda. Pero ¿por qué debería depender de eso la ropa que pueden ponerse?

Michael Olise con gorro azul claro, chaqueta tradicional, lederhosen y una jarra de cerveza en el Oktoberfest.
[mobile-motion:33.5% 35% 1.3 > 33.5% 35% 1.3] Michael Olise durante la visita del Bayern al Oktoberfest, septiembre de 2026. © IMAGO / FC Bayern München

Durante el Oktoberfest, Olise combinó un gorro azul claro de Chrome Hearts con unos lederhosen y una chaqueta tradicional bávara.

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Karl vistió de rosa. Cada uno a su manera, ambos demuestran que un futbolista puede tener un estilo propio fuera del campo.

En octubre, Hoeneß le exigió a Karl más humildad en el Welt am Sonntag. Una exigencia comprensible cuando se trata del trato con los compañeros, de la evolución personal o de la capacidad de aceptar críticas. Pero la humildad no se mide por el color de la ropa. Y la individualidad no debería ser un privilegio que un futbolista tenga que ganarse primero con éxitos deportivos.

Bastian Schweinsteiger ya vivió este debate

Que el Bayern ya ha tenido debates así lo demuestra, paradójicamente, una comparación que hizo el propio Hoeneß.

Bastian Schweinsteiger, con el pelo plateado, señala con el brazo extendido; una de sus uñas está pintada de negro.
[desktop-motion:45% 0% 1 > 89% 38% 1.8][tablet-motion:45% 0% 1 > 89% 38% 1.7][mobile-motion:42% 25% 1 > 89% 38% 1.5] Bastian Schweinsteiger con el pelo plateado y una uña pintada de negro, septiembre de 2007. © IMAGO / Sven Simon

Al hablar de Karl, recordó a Bastian Schweinsteiger, que en 2007 se pintó las uñas de negro. Según cuenta hoy Hoeneß, Franz Beckenbauer y él intervinieron entonces.

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Schweinsteiger tenía entonces 23 años y llevaba el pelo plateado. En septiembre de 2007 explicó a Welt Online que el esmalte negro era fruto de una apuesta: «Para mí es mucho más importante que la gente juzgue mi rendimiento en el campo y no se preocupe por cómo llevo el pelo».

Cada uno, defendía, debería poder decidir cómo se viste, en qué se gasta el dinero y qué coche conduce. Según él, a Hoeneß ya le había molestado antes otro peinado: una cresta. Hoy se le recuerda sobre todo como el campeón del mundo que siguió jugando la final del Mundial de 2014 pese a una brecha en la cara. Pero su estilo llamativo también formaba parte de su personalidad, y lo hizo inconfundible como futbolista joven.

Casi 20 años después, otro joven jugador del Bayern vuelve a estar en el centro de un debate sobre su imagen. Hasta el coche reaparece: si Karl condujera un coche llamativo después de convencer en el campo, sería «otra cosa», dijo Hoeneß en DAZN, «pero eso no hace falta hacerlo ya con 18 años». Las circunstancias no son idénticas. Pero la pregunta apenas ha cambiado: ¿cuánta libertad se le concede a un futbolista antes de que su aspecto o su comportamiento se conviertan en un problema?

La celebración de Lennart Karl: por qué el fútbol necesita futbolistas así

Por supuesto que se puede criticar a Karl. Mats Hummels, comentarista en Amazon Prime Video, cuestionó su celebración y recordó el ejemplo que da a los niños. Un debate legítimo. Una celebración provocadora no es lo mismo que un look rosa.

Pero entre criticar un gesto concreto y esperar que un futbolista joven llame la atención lo menos posible hay una diferencia fundamental.

La celebración de Karl duró apenas unos segundos. Aun así, se discute qué quiso decir y si el gesto fue apropiado. El gol da pie a una historia que va más allá del partido. Los aficionados pueden disfrutarla, molestarse o discutir sobre ella.

Karl se equivocará, recibirá críticas y tendrá que seguir creciendo como futbolista. Eso no significa que deba aparcar su personalidad.

Su gol ante el Atlético no hace que la celebración sea automáticamente acertada. Del mismo modo, su look rosa no habría sido un error aunque no hubiera vuelto a marcar un solo gol.

El fútbol no necesita jugadores que provoquen a cualquier precio. Pero sí jugadores a los que se les permita destacar sin tener que ganarse antes el estatus de estrella mundial.

Über den Autor
Adrian Kühnel
Fundador y editor
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